Tras cámaras

IA y 3D en postproducción

Por: David Pimentel
7/7/2025

En la industria audiovisual, el avance de la inteligencia artificial ha abierto nuevas posibilidades para la conceptualización de escenas y piezas publicitarias. En estos primeros meses de aplicar la IA en Levector, nos hemos encontrado con muchos pros y contras, siendo lo más complejo encontrar formas de integrarla tanto con nuestro equipo como con el cliente. Hemos adoptado estas herramientas no como un reemplazo, sino como un complemento estratégico dentro de nuestro flujo de trabajo de postproducción.

Durante el desarrollo de campañas para comerciales de TV y proyectos de producción cinematográfica en Ecuador, hemos integrado imágenes generadas por IA en las primeras fases de diseño visual. Estas imágenes permiten una validación más ágil con el cliente, ya que pueden visualizar rápidamente el tono, la composición y la atmósfera de una escena. En especial cuando se trata de explicar secuencias que serían complejas (o costosas) de filmar o animar desde cero.

Sin embargo, este proceso tiene sus límites. La IA aún carece de precisión cuando se necesita mantener la coherencia de personajes, proporciones exactas o movimientos controlados. Ahí es donde entra el trabajo tradicional en 3D: cuando se requiere consistencia narrativa, control técnico sobre los elementos y una fidelidad que la IA por sí sola no puede garantizar.

Es importante que el cliente comprenda que, una vez aprobada la previsualización generada con IA, se inicia el proceso artesanal en 3D: modelar desde cero algo lo más parecido posible a lo aprobado y emular la animación que se mostró como referencia. Aunque parezca lógico, vale la pena decirlo: el 3D no es instantáneo. Es un proceso manual, como moldear con barro una escultura, pero dentro de un software. El impacto de la IA ha creado la percepción de inmediatez, pero lograr un resultado de alto nivel requiere tiempo, dedicación y precisión. Todo depende del nivel de detalle que se espera. Para proyectos que aspiran a un acabado premium, este camino es el más acertado. Se debe modelar cada elemento en detalle para luego pasar por etapas como la animación, texturizado y finalmente el renderizado (convertir la escena en imagen final). Según la complejidad, esto puede tomar desde varios días hasta semanas de trabajo.

En nuestra experiencia como productora audiovisual en Ecuador, hemos comprobado que la mejor fórmula es híbrida: IA para previsualizar, y 3D para concretar. Esta metodología no solo mejora la comunicación con el cliente, sino que optimiza tiempos y recursos sin sacrificar calidad. Aplicado a proyectos en Guayaquil, Quito y a nivel nacional, este enfoque nos ha permitido mantener altos estándares visuales en tiempos más competitivos.

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El video que acompaña este artículo fue creado por mí usando VEO3, una herramienta que ha resultado clave para graficar de forma clara lo que el cliente quiere ver o qué acción específica debe suceder dentro de un demo. Muchas veces, el storyboard o las referencias visuales no son suficientes para transmitir una idea compleja. En esos casos, generar una simulación con inteligencia artificial como punto de partida, y luego desarrollarla en 3D con las adiciones creativas necesarias, se convierte en una ruta eficiente y poderosa para llegar al resultado deseado. Cuando se trabaja con simulaciones —como agua, humo o fuego—, el equipo técnico enfrenta desafíos complejos, especialmente en publicidad donde los tiempos son limitados y el detalle importa. Por eso, esta fase inicial de exploración con IA ayuda a "pre-masticar" la intención del cliente y a traducirla con más claridad al equipo de simulación 3D.

El desafío está en educar al cliente sobre lo que puede —y no puede— lograrse con la IA. Aunque esta tecnología avanza a pasos agigantados, aún es necesario un equipo creativo y técnico que traduzca esa primera idea en una pieza funcional y visualmente sólida.

En Levector creemos que la innovación debe potenciar al talento, no desplazarlo. Y en esa línea, la IA es una gran aliada para imaginar. Pero el 3D, con toda su técnica y dirección, sigue siendo indispensable para construir. (Por ahora).